Alrededor del siglo XV, las fuentes, manantiales o pozos en el campo eran complemento para cubrir la necesidad de agua cuando la población, el asentamiento, se había consolidado y las fuentes del núcleo urbano no cubrían la demanda de todos los vecinos.
El subsuelo del casco urbano de Brunete es rico en agua si bien, los múltiples pozos que existían eran el sustento para dar de beber a los animales de labranza, domésticos y la explotación ganadera y ganado lanar.
Por este motivo se hace imprescindible, nuevos afloramientos de agua y la conservación de los existentes fuera del pueblo, sobre todo con agua de más calidad, agradable de beber y más apta para el consumo humano.
«La Falsa Fuente»
La Fuente del Caño Nuevo está referenciada en el libro Geografía Médica Española, a pesar del aspecto de manantial, realmente esta fuente recibe el agua en su lado contrario por una tubería metálica de 15 cm tapada con dos piedras y mampostería. Dice la tradición oral que es “agua de a pie” y que proviene de unas arquetas y un pozo situado en paralelo a un arroyo próximo. La fuente destaca por su composición con piedras de granito parecida, a simple vista, a las de una tumba o monumento funerario.
El hecho de que en su alrededor existiera el “Caño viejo” nos hace suponer que se construyera para satisfacer la demanda de tan preciado elemento, utilizando para ello piedras de alguna construcción cercana, como era la Ermita de Santa Ana, la cual estaba arruinada en 1782 según se desprende de la contestación del párroco del lugar al Cardenal Lorenzana. Este dato y sumando el hecho de estar construida con una tubería de hierro y que las piedras son una adaptación para un uso improvisado, nos hace pensar que su construcción nos lleva hacia la segunda mitad del siglo XIX.
«Fuente Pablo»
Posiblemente nuestra fuente más antigua, ya que está ubicada en el camino que unía la ciudad de Segovia, con la imperial Toledo. Este camino viene referenciado en la guía que en 1560 Juan de Villuga hizo de casi toda España.
Si hay silencio, debemos de oír un chorrito de agua, lo vierte a modo de caño, un trozo de hierro, que asoma desde una moldura circular, tiene algún relieve, construido en yeso y cal que contrasta con el rojo de los ladrillos. Tanto en invierno como en verano proporciona agua “potable”
Ya en 1897 el médico de la Villa de Brunete, D. Francisco de la Cruz Aragón, hizo un estudio de las fuentes ”potables” que había en el campo, y explica que sus aguas disuelven el jabón y cuecen bien las legumbres. En ese entonces suministraba 5000 litros cada día, a 16º de temperatura.